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Viernes, 06 de Mayo de 2016 20:51

Copar la Catedral, con el espítiru del 2005

por  Agustín Monguillot

El recuerdo está ahí, fresco en la memoria de todos. No importa que hayan pasado 10 años de aquel día que marcó a fuego la historia deportiva de San Albano. No señor, pareciera que hubiera sido ayer cuando todo Corimayo se fundió en un abrazo para festejar otro batacazo de ese equipo que rompía los pronósticos semana a semana. En 2005, San Albano derrotaba al CASI por 24 a 23 y demostraba que no era un equipo sorpresa, sino uno que tenía chapa para jugar el Top 14.

Muchos condimentos hicieron que este partido sea recordado como el mejor de aquella generación que consiguió el pasaje al Top 14 por primera vez. Se recuerdan los triunfos ante Alumni o Hindú en Don Torcuato, pero el triunfo ante los de San Isidro tuvo algo especial, único. Tuvo su lado cholulo, porque se transmitió en vivo por ESPN, en tiempos donde los jugadores no estaban acostumbrados a las cámaras. Tuvo su lado morboso porque Albano era entrenado por una leyenda del CASI, el Caña Varela, que había entrenado al último equipo campeón de la Academia, en 1985.

En este escenario, San Albano salió a comerse a su rival. Tries de Carlos Elder, Pepe Perelmann y el Duro González Comotti le permitieron irse al descanso 19 a 8. Los de San Isidro lo dieron vuelta, pero aquel equipo tenía una fuerza diferente, que jugaba constantemente con la épica. Un try de Marito Castany dejó a San Albano nuevamente arriba. CASI se puso a un punto con su pateador estrella y hoy entrenador de la Primera, Federico Thomann.

Los minutos finales le agregaron mayor dramatismo. Todos recuerdan a los quince de San Albano, tackleando a destajo para que las Cebras no entraran de ninguna forma. Otros, más memoriosos, tienen la imagen de Boqui Iperione dejando el alma en una jugada que era try cantado, pero el tercera de Albano no lo permitió.

Aquel partido consumó lo imposible: San Albano, aquel que no hacía mucho había aecendido, le ganaba a Hindú, Alumni y CASI. Los medios dejaron de considerarlo una revelación. "Ya no es una sorpresa", escribía Rugby Fun. La Nación decía que era "pura confianza" y Juan Pablo Varsky lo llamaba "el matagigantes de la URBA", un apodo que se recuerda hoy, entre orgullo y nostalgia.

Faltaba la frutilla del postre, que dejaría ese partido en la eternidad. El encargado sería aquel equipo del Chapa Branca, que meses después se consagraría como campeón de la URBA, tras 20 años sin títulos para el club que más vueltas olímpicas tiene en el rugby de Buenos Aires.

Evocar este recuerdo no sólo es oportunista para homenajear aquel equipo que consiguió algo histórico, o para celebrar un aniversario redondo de una hazaña. A horas de salir a la cancha en la Catedral, ante el líder e invicto de la Zona B que parece invencible, hay acontecimientos del pasado que marcaron la historia sirven de motivación para el presente. Si ellos lo lograron, ¿por qué no ilusionarse con estos gigantes, que semanas atrás emocionaron hasta las lágrimas en ese partidazo ante Pucará?

La Catedral será escenario de un partido que puede ser bisagra. Por eso, desde el club pedimos a todos copar la Catedral y empujemos todos a la Primera, nuestra Primera, con el espíritu del 2005. Así, nada será inalcanzable.

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